Cerca de la cascajera choteábamos.
De repente, los cachimbazos zumbaban. La guardia perseguía a unos tamales.
En guinda salimos y nos alivianamos detrás de un copinol.
El chele sacó su cuchumbo con agua de la chula. Mi tecomate estaba vacío
Tragamos agua cómo chuchos en una vereda empolvada.
Las hualcachillas chillaban cómo bichitos sin nana.
Le pusimos hasta la quebrada de Aragua.
Agotados y hechos M nos sentamos alrededor de un caragüe.
El negro con oídos de tísico escuchó hurracas.
La bulla se calmó cuando vimos un garrobo tirarse a una posa.
El loquín agarró el corvo y se escondió detrás de una parra de lorocos
La hondilla en la otra mano.
De sorpresa, un garrobo salió del agua y se tendió en un tronco de conacaste.
Cómo locos empezamos el deschongue por darle mataque.
El hijo de la gran semita se fue por la quebrada.
El jodido de garrobo se chiflió de un chispazo.
Ya tranquilos, sin garrobo y cómo sipotes pasmados regresamos al potrero.
Sin pensar, sin ganas, lentamente nos acercamos a unos cuilios.
Los hijos de la gran parlaban con unas bichas lavando trapos sobre las piedras.
Ni cuenta se dieron de la mara, qué caminaba de regreso con chulas llenas de zapotes, moras, chuctes, chipilines y un cusuco pero no reptil.
Por fin, llegamos a la plazuela enfrente de un palo de pepeto.
Bajo un amate estaban unos cheros jugando chucho.
Por el gran olor a chuco con aiguaste nos acercamos al juego de naipe. Un ruco tomaba chicha y hablaba babosadas de la chamba y su caporal que lo ponía a riata
Tomamos el camino barroso, los bichos jugaban chibola y comían alborotos con charamuscas.
Los chuchos aguacateros y cutos seguían lagartijas o pelotas de morro y se perdían en los matorrales. Al llegar a la cuesta hacia el campo, un minutero bajo un tamarindo comiendo verdolaga nos saludó, “bichos majes”. El vacile fue largo y yuca.
Todos nos dijimos salu y cada uno se fue con su ruca y su ruco.
Al llegar a mi chanti, mamita me sirvió huevos con flor de izote, frijoles sancochados y café pisqué. Terminé mi bajón y me fui a leer Luz Negra, una obra de Alvaro Menéndez.
El vacilón del día fue vergon.                                                                                                                     Colorín colorado el cuento sin la ciguanaba o cipitillo se terminó.

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