En caballo cabalgabamos, padre, madre
Y hermanos. El camino claro, azul y radiante
El verde en la vereda con briza en contra
de mi cara de infante apuntando hacia mi nostalgia
Y aventura, el piñal.
Guapango y Caruzo nuestras amadas mascotas
Acompañándonos con lealtad y agilidad.
El destino era uno, montaña amarilla con rancho de paja en la cumbre.
La lección esperaba hacer descubierta y puesta en práctica.
Como niño hambriento, una porción de piña lamentos proporcionó.
El pedazo jugoso, dulce y sabroso me cegó de codicia.
Mi padre con sombrero puesto, pistola en cintura y machete en mano
Me advirtió, “no seas burro mi zipote precioso, te vas a llenar.”
En gritos exclame y demande más del dulce manjlar.
En coro, mi madre y padre, advertencia explicaron.
Yo, necio y caprichoso, no los escuche y aun más les pedí.
Piñas se me dieron hasta casi reventar.
Tan goloso fui, que mi estómago declinó
Y en llanto yo terminé.
Al llorar por ayuda, la respuesta fue única.
Advertencia no es de juegos!
Piñas, advertencia que el pasado me entrego.

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