La exclusión versus la inclusión

 

Si una nación es construida con creencias espirituales, organización social, unidad política y cultural, con una lengua y con fronteras geográficas que definen su territorio,  la opresión y exclusión de los derechos de los oprimidos es un insulto a la definición de una nación. La supresión de las masas en el desarrollo de un país ha creado desigualdad humana en la historia de todas las nacionalidades en Latinoamérica. Desde la llegada de Hernán Cortez a Tenochtitlan, México y durante la colonización, la exclusión de la mayoría indígena en la nación nueva Azteca fue un estándar establecido por las elites y apoyado por gobiernos títeres de la burguesía criolla. El hambre por el poder y control de riquezas en Méjico y en el resto de los nuevos países en Latinoamérica fue defendida con espada y libro en el pasado y con plomo y tanquetas en el presente. Los Estados Unidos fue parte del control  hegemónico que México confrontó durante su revolución en 1910 – 1920. El control  continúa en poderío económico para explotar a México y demás países de Latinoamérica. La U.S.A. fue muy contingente en la revolución de Méjico.

La consolidación de la identidad de una nación moderna ha sido una constante lucha de clases, los de abajo contra los de arriba. Esta constante pelea para la igualdad y los derechos del pueblo oprimido obstruyen la construcción de una nación y excluyen la visión que un compatriota imaginario anhela. La historia de la Revolución mexicana es un ejemplo de cómo un pueblo unido luchó por cambios radicales para el beneficio de un país pero que al final los súper poderes burgueses de los elites terminaron corrompiendo la visión de estar unidos por una nación moderna. “La relación de los Estados Unidos con México es, a lo mejor, la segunda más importante solamente segunda en importancia con respecto a relación con Moscú” (Traducción)[1]. Definitivamente, los intereses económicos estadounidense han tradicionalmente creado obstáculos para el progreso de Méjico  hacia una nación moderna. Obviamente la exclusión de los oprimidos no tenía ningún significado para los Estados Unidos.

La identidad del pueblo mejicano que Francisco Villa y Emiliano Zapata representaban era el alma de un pueblo explotado e ignorado. La mayoría de la populación de México es de étnica indígena y como mayoría fueron aislados de la organización social de una patria en evolución. Los indígenas tenían el mismo origen y cultura. Los del sur y los del norte se reflejaban en sufrimiento y culturalmente. Estas igualdades son elementos de la representación de una nación, “por un lado, una nación supone una unidad étnico-cultural, es decir, que sus miembros que comparten la misma cultura, lengua y origen” (Lección: La naciones modernas). Todas las similaridades entre los indígenas se conjuntan en su espiritualidad combativa como lo menciona el filósofo francés, Ernest Renan, “una nación es una alma, un principio espiritual, dos cosas que de verdad no son más que una, constituyen esta alma o principio espiritual”. Los estados Unidos estaba al margen de la lucha que los del norte y los del sur representaban pero a la vez temían por un liderazgo de los de abajo, los excluidos. Tanto Francisco Villa y Emiliano Zapata luchaban por tierras, igualdad y por inclusión. Esta causa por el derecho de tierras no era una lucha que velaba por los intereses económicos de los estados unidos. “Durante la dictadura de Díaz, los estados unidos eran dueños de 100 millones de acres, incluyendo minas, tierras fértiles, bosques maderables, esto representaba el 22 por ciento del territorio mejicano” (traducción)[2]. Esta intervención extranjera obstaculizaba la lucha de inclusión de las comunidades imaginarias que Villa y Zapata soñaban.

La organización política de Méjico no estaba representada por los de abajo. La inclusión de los oprimidos era lo que se necesitaba. La nación moderna la carecía, la representación de todos los ciudadanos era importante. Sin esta inclusión, Méjico no podía ser gobernado. Las instituciones gubernamentales se negaban a incluir a todos los indígenas, los mantenían marginados y no les aportaba las necesidades básicas, tierras, agua y trabajo. Los indios aztecas no tenían un estado propio. Sin estado, el pueblo mejicano se revelaba y quebraba la noción de nación. Todos los controles publico sociales: jurídicos, educacionales, salud y otras instituciones ignoraban a los pobres o simplemente no aportaban las necesidades sociales. Los estados unidos muy al tanto de lo que estaba en marcha por la construcción de México observaba y analizaba a quien apoyar y como mantener su hegemonía económica sobre la disputa del futuro de una nación moderna.

La espiritualidad social de los oprimidos en México tiene un historial indígena en sus tradiciones. La conversión al cristianismo fomentada por los colonizadores proveyó al pueblo una consolidación. Lo sacrificios de sobrevivencia durante el genocidio de los conquistadores sobre los indígenas estableció un espíritu de lucha por la inclusión del oprimido en el país mejicano. El sufrimiento, el robo de la identidad y la implementación de una nueva identidad cristiana ofrecieron a los guerreros del norte y sur los ingredientes que una nación necesita. “Tener glorias en común en el pasado y tener una voluntad común en el presente: haber hecho grandes cosas juntos, querer hacer más—estas son las condiciones esenciales para ser un pueblo” (Renan). Para Renan, La patria se define por un pueblo que comparte mucho,  es decir que la unidad está basada en hábitos, vidas e ideas similares. Todas estas realidades existían en los pueblos liderados por Villa y Zapata. La revolución era justificada en términos de inclusión y representación nacional.

El pueblo se unía en un lema cultural que proveía un significado fundamental en la creación de un país. El miedo que los estados unidos tenían era que Méjico estaba en una revolución por la liberación del yugo explotador, los gringos. Para los gringos no era  primordial la lucha por la nación moderna de Méjico. “La verdad de que Méjico era una nación en busca de ella misma mediante la revolución de un pueblo en armas. La revolución era una identidad única, un evento revolucionario cultural, era un legado para siempre, que sucedía en 1910 – 1940. Era una realidad que efectuada con o sin el interés económico estadunidense”. (Traducción) [3]

Pacho Villa y Emiliano Zapata existieron en dos polos geográficamente diferentes. Los del norte y los del sur, ambos idealizaban inclusión sin conocer su vidas diarias o su localidades individuales. Los dos grupos de guerreros se identificaban con los mismos ideales de revolución contra las elites, contra la desigualdad y en contra de la exclusión. Además del idealismo mutuo del norte y sur, los guerrilleros se identificaban con la música, los corridos. Los dos bandos eran compatriotas peleando por la misma causa. Esta lucha por la igualdad adehese una unidad imaginaria que Benedict Anderson explica: “Toda las naciones modernas, por ejemplo, adoptan una bandera y un  himno nacional como emblemas de su identidad”.

Villa y Zapata pelearon por una causa y por una nación. Sus empeños y dedicación hicieron que los estados unidos se preocuparan por sus intereses económicos en el país azteca. “Villa emancipo a los campesinos, promulgó distribución de tierras, en el nombre de Pacho Villa, la gente asalto y confiscó tierras y haciendas de dueños Norte Americanos y  Mejicanos”. (Traducción)[4]. Los estadunidenses les preocupaba esta toma de tierras que a los de abajo le pertenecía.

La revolución mexicana fue una fermentación que tarde o temprano daría resultados en favor del pueblo indígena. La idea de inclusión por la cual Villa y Zapata murieron fue atropellada bajo las administraciones de Madero, Obregón y Carranza. La batuta de liderazgo de la nación Mejicana cambia para satisfacer a las elites criollas y a los norteamericanos. Estos presidentes inician la quebradura de dos revoluciones para establecer una idea de revolución, un Méjico moderno bajo progreso y libertad. La involucración directa de Los Estado Unidos fue determinante para aplastar la revolución por igualdad e inclusión. “Entre marzo de 1913, los estado unidos hace entregas de armas al dictador Victoriano Huerta con la esperanza de parar la revolución de Carranza, Villa y Zapata, así darle a Huerta una oportunidad de re-establecer los fetichismos de los gringos, orden y estabilidad”’ (traducción)[5]. La inclusión de los excluidos se vuelve a encontrar a la desborda.

Las instituciones gubernamentales inician campañas de inclusión después de consolidar bases con los de arriba, las elites.  La reforma agraria, le inclusión del arte como herramienta de incorporación a la nación. La identidad mejicana toma una tangente de desarrollo comunitario mediante el muralismo para establecer y hacer de la nación un pueblo unido y alfabetizado. La revolución que México tuvo para la representación e inclusión de oprimidos en una nación tomó vidas, formó identidad cultural nacional y generó reformas agrarias para algunos de los abajo. Pero la inclusión de los oprimidos no alcanzo a todos los ciudadanos mejicanos. En el presente, la lucha continúa hasta que la inclusión sea plural. El insulto hacia los indígenas en no ser parte del alma nacional mejicana o de otros pueblos latinoamericanos está reflejado tanto por las comunidades del norte de los Tarahumaras de Sonora, los Mayas de Chiapas del sur, y en los indígenas incas de Bolivia. “Otra vez, la modernización no puede ser establecida sin considerar la inclusión de los excluidos: las comunidades agrarias, el mundo olvidado de Villa y Zapata. “México Revolucionario” es un recordatorio de que si Méjico quiere prosperidad continua, tiene que, por última vez, permitir un fuerte gobierno central para reunir las plataformas que los de abajo demandan pacíficamente”. (Traducción).[6]

 

 

[1] Fuentes. Carlos, New York Times, March 13, 1988, “History our of Chaos”

[2] Fuentes. Carlos, New York Times, March 13, 1988, “History our of Chaos”

[3] Fuentes. Carlos, New York Times, March 13, 1988, “History our of Chaos”

[4] Fuentes. Carlos, New York Times, March 13, 1988, “History our of Chaos”

[5] Fuentes. Carlos, New York Times, March 13, 1988, “History our of Chaos”

[6] Fuentes. Carlos, New York Times, March 13, 1988, “History our of Chaos”